resto de los pueblos para visitarlos después de buscar algunos alojamientos , para organizarse mejor y no estar perdiendo tiempo.
Nunca realmente había estado alli hasta el verano pasado. Al llegar, Sevilla parecía abandonada. No era hasta cerca de 10 en la
noche que la gente comenzó a aparecer en las calles. Entonces la ciudad
entera salia a la calle, el ambiente era vibrante y muy relajado.
Comimos tapas, que era un menu perfecto para el tiempo que hacia, no
resultaba demasiado pesado. Es una manera muy informal de comer, orden como vas,
se sienta hacia fuera en una tabla con la familia y los amigos, cada
una charlando y compartiendo su alimento. O puedes vagar de barra a la
barra que tiene una bebida y otros tapas, flamenco que mira o
escuchando cierto cantar improvisado. Es una manera fantástica de
relacionarse.
Esta costumbre es la que más me gusto, es el final perfecto después de pasar un dia entero visitando museos...una excelente manera de relajarse.